Marcelino González es un antiguo alumno salesiano de Barakaldo. Estudió en el centenario colegio de la calle Larrea y en la Escuela de Maestría. Aquí, además de estudiar formación profesional, conoció a cinco salesianos de los que recuerda todo con pelos y señales. Además, allí rezó delante de las estatuas de María Auxiliadora y de Don Bosco llevadas por los Salesianos a la Escuela de Maestría. Jamás ha olvidado estos primeros amores. Sigue siendo un amigo de todos los Salesianos, un enamorado de todo lo salesiano.
Texto y fotografía: Josean Hernández
Su larga vida profesional le ha llevado a convertirse en un auténtico experto en la restauración artística. Muchas estatuas, retablos y pinturas de Bilbao y sus alrededores le deben una segunda juventud.
Los Salesianos no podíamos quedar al margen de este excelente trabajo. En años anteriores restauró el Cristo Crucificado de Francisco Asorey que está en la capilla de la calle Larrea. Es, junto con el Cristo de Julio Beobide en Pake Leku (Urnieta), lo mejor que tenemos entre la estatuaria sagrada de nuestra Inspectoría de Bilbao.
Posteriormente, recibieron sus mimos la María Auxiliadora de la misma iglesia de Barakaldo. Ha quedado realmente preciosa. Los que no la hayan visto todavía después de su restauración, merece la pena que hagan un viaje hasta los Salesianos de Barakaldo, simplemente por ver esta imagen. Por cierto, que hemos conocido expertos que han venido, expresamente, desde Galicia para detenerse un largo rato delante del Cristo de Asorey.
Por las manos de Marcelino han pasado, también, las otras estatuas de la Auxiliadora que tenemos en nuestra casa (entre ellas la que se saca en la procesión de mayo).
Incluso las estatuas de las parroquias que atiende el salesiano Lope Jesús Sánchez en Helguero y Ugarte también han recibido su merecido arreglo. Entre ellas destacamos un bonito san José “salvado de las aguas”. Me explico. La terrible riada que asoló al Gran Bilbao en agosto de 1983, destrozó una capillita de la parroquia de Trapagarán y sepultó en el agua y en el barro a una estatua de san José. Salvado de este duro trance, y sin posibilidad de reconstruir su capillita, el san José restaurado disfruta en su nueva casa (la parroquia de Ugarte).
Marcelino, nuestro restaurador, conoce a Don Bosco de maravilla. Sé que ha leído con calma y devoción todo libro que ha caído en sus manos sobre la figura de nuestro Fundador. Incluso, sí incluso, las Memorias Biográficas con sus 19 volúmenes.
Este mes de junio pasado ha tenido la suerte de ver realizado uno de sus grandes sueños: Peregrinar a la tierra de Don Bosco. Conocer los lugares donde pasó su infancia, su juventud. Recorrer las calles y las iglesias de Turín, emocionándose delante de la tumba de Don Bosco y enamorándose de la Auxiliadora y de su espléndida Basílica.
Vuelto a Barakaldo, se ha puesto manos a la obra y nos va a restaurar la estatua de Don Bosco que tanto le atrajo siendo joven estudiante de la Escuela de Maestría y que, con el tiempo, recaló en el colegio salesiano.
Prometo que cuando acabe la restauración, tendréis nuevas y buenas noticias.