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Del 18 al 21 de julio un grupo de hermanos de la Comunidad de Pamplona se pusieron en camino para llegar a Santiago de Compostela, en este Año Santo Compostelano. La furgoneta y el coche permitieron hacer el recorrido en pocos días, aunque con intensidad y sentido de peregrinación.
Iñaki Lete
La primera meta fue la ciudad de León, residiendo en la Casa Inspectorial. Al día siguiente la meta estaba fijada en A Coruña, siendo la residencia en la Comunidad que atiende la Obra de Calvo Sotelo. Una breve visita por la ciudad sirvió para comprobar la belleza de la misma y la influencia del mar, de la playa y del puerto en la vida laboral y turística de A Coruña.
La llegada a Santiago fue a primera hora del martes 20 de julio. El grupo de peregirnos cumplió el primer rito de la estancia en Santiago: el abrazo al santo y la visita a la tumba del Apóstol. La Misa del Peregrino, presidida por el arzobispo de Santiago de Compostela, se celebró a las doce del mediodía, precedida de una celebración penitencial comunitaria, preparada con gran sentido pastoral por quienes atienden la Catedral.
El incienso del botafumeiro y los vibrantes acordes del gran órgano de la catedral invitaron a los peregrinos a dar gracias a Dios y unir sus voces para expresar la universalidad de la celebración.
El último día se reservó para regresar a Pamplona desde A Coruña, con una parada en Astorga para visitar su catedral y palacio episcopal, obra de Gaudí. Una buena experiencia de convivencia comunitaria y de reafirmar juntos la fe y compromiso de seguimiento de Jesucristo ante la tumba de uno de sus amigos y apóstoles, Santiago.
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